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Un paisaje moldeado por el tiempo
Mucho antes de convertirse en un lugar de hospitalidad, Cap Menorca pertenecía al paisaje.
Extendiéndose a lo largo de treinta hectáreas de costa mediterránea protegida y dominando un kilómetro de litoral prácticamente intacto, la península ha sido modelada durante siglos por el viento, la piedra y la luz. Los pinares, los olivos centenarios y la vegetación autóctona han definido siempre su identidad, mientras que su posición privilegiada la convirtió en uno de los enclaves naturales más extraordinarios de Menorca.
Este promontorio aislado albergó en otro tiempo la antigua base militar de Llucalari, una presencia discreta profundamente vinculada a la historia de la isla. Tras el final de su etapa militar, el lugar acogió brevemente a una comunidad okupa, añadiendo un capítulo inesperado a su historia antes de quedar definitivamente abandonado.
Durante casi dos décadas, la naturaleza recuperó lentamente la península. Los edificios envejecieron bajo el sol del Mediterráneo, los senderos desaparecieron entre la vegetación autóctona y el silencio volvió a convertirse en la verdadera esencia del lugar.
Hoy, Cap Menorca mantiene ese mismo equilibrio entre historia y naturaleza, donde la arquitectura nunca compite con el paisaje, sino que se integra en él con absoluta discreción.